Textos

Partitura de Cuerpos, Prólogo de 4 Movimientos, Prólogo, por Fabiana Barreda

Sinfonía para bocas y carne..., por Leslie Castagne

Doble imposible, por Agustina Sario, El Outsider Digital

Desaparecer, Agustina Sario y Matthieu Perpoint

Vestida de Novia, Anibal Villa Segura

Solo nº3. La tierra es ritmo ritual, Aníbal Villa Segura

Solo nº3, Cuerpo Chamánico, Fabiana Barreda

Sinfonía para bocas y carne..., por Leslie Castagne

Reflexiones acerca de Solo n°3 y 4 movimientos para una sinfonía

El patriarcado se va a caer. Es lo que gritamos en las calles, lo que afirman los pañuelos verdes atados en las muñecas y mochilas. Y en las casas, qué? Cómo se cae el patriarcado en las cocinas, en los hogares, en los hornos?

En Solo n°3, gran rito al origen del mundo, Agustina se convertía en diosa, acompañada por sus dos músicos-sacerdotes. Los dos hombres que sonorizaban su metamórfosis se quedaban en los bordes de un círculo sagrado. Sucesivamente cueva, guerrera, árbol, vulva gigante, lo femenino se conectaba con la naturaleza más sensual, en el marco de una performance eco-feminista. Partir de un cuerpo de mujer para quitarle el protagonismo a la figura humana, moverse dentro de lo animal, lo vegetal, lo orgánico.

4 movimientos para una sinfonía construye un ecosistema radicalement distinto : la tradicional imagen de una mujer que espera en la cocina, cuidando lo que está en el horno, mientras un hombre en el living les sirve vino a los invitados. En este caso, los invitados especiales de la pareja somos nosotros público, excitados por el olor a milanesa que emana del horno prendido en escena. ¡Tantos sistemas de dominación! ¿en serio? En relación a las luchas de emancipación actuales, las estructuras de la heteronormatividad y el hecho de comer carne son sacrilegios tremendos… ¿Revolucionario = queer y vegano?

Los 4 movimientos serán los de carnívoros heterosexuales, entonces. Pero lo que se proponen es despedazar las imágenes que asociamos tradicionalmente a la cocina, entrando en la carne, con cuchillos y martillos. Todo se vuelve pedazos, lonjas, rodajas. Se pican los elementos escénicos como se pica carne : pedacitos de videos, pedacitos de sonidos - en la otra punta la mesa que atraviesa el escenario, el músicocinero Damian corta y reúne fragmentos sonoros. Y se ensucia el largo mantel blanco que cubre esta mesa : de pureza, nada. Mientras el público come milanesa con los dedos y se destapan más y más botellas de vino tinto, Agustina se hace carne. En una danza sensual contra el piso, pasa por la harina su cuerpo remojado en huevo, pero sin jamás convertirse en la mujer que se ofrecería a la devoración del macho voraz que la desea. Persiste algo de la diosa de Solo n°3, un poco más cristiana esta vez, ofreciéndonos su cuerpo y su sangre en una eucaristía bien casera. Y este sacrificio se hace apasionadamente, en el goce de un devenir-milanesa, en una empatía con esta carne… En la pantalla, entre los múltiples pedazos de video, aparece la imagen de Agustina cosiendo lonjas de carne. Coser en la cocina, pensar la material animal no solo como objeto de masticación sino sustancia artística, obra en devenir.

Todo lo que sigue es historia de carne. De amor y de carne. De entrega al deseo, fuera de cualquier tipo de moral. Después de que Agustina se haya preguntado por qué le da asco ver la comida masticada dentro de la boca de Matthieu, él canta. La boca abierta tan grande que casi se ve la carne del sonido, surgiendo desde lo más profundo de las entrañas. Bailando un duo, ellos no se relacionan como dos individuos, sino como composiciones de carnes que experimentan cómo entrar en contacto, empujarse, levantarse. Desaparecieron el ama de casa y el jefe de familia. Desaparecieron las estructuras patriarcales. Solo quedan los cuerpos jugando, las manos, los culos y las carcajadas. Cuando invitan el público a bailar un lento en el espacio que llenaron de materias e intensidades, ya no puede ser la danza adolescente torpe de los años ochenta. Nos estamos pegando carrillera contra pechuga, costilla contra asado, bife contra bife. Somos parte de esta sinfonía animal.